Una especie de mezclum de distintos
conceptos en base a unos monstruos clásicos de la ficción. Ultimo texto que subiré
por un tiempo ahora que me voy unas semanas de vacaciones, así que volveré posiblemente
el 22 o por ahí según cuanto tarde en acomodarme, tal vez suba más cosas que
una por semana para recuperar el tiempo perdido. Este texto fue corregido en
gran parte por Repzero, si, dejémoslo ahí.
La
paz es algo que fue considerada una utopía por muchos años, ¿por qué?,
simplemente porque a la humanidad siempre le faltó algo que era vital para
conseguirla, tiempo.
El
tiempo siempre fue la clave. No es necesario analizarlo mucho para darse
cuenta, si alguien pudiera permanecer en la Tierra por toda la eternidad, no
tendría sentido pelear contra otros, después de todo, la paciencia le
permitiría seguir adelante, afrontar cualquier desafío, buscar soluciones. Pero
aunque la vida de las personas a veces les parezca larga, siempre se acaba
alguna vez, y ese temor es lo que genera la ansiedad, el deseo de obtener todo
lo más rápidamente posible, aun a costa del prójimo.
Entonces,
para que el mundo pudiera madurar en serio, lo único que se necesitaba era eso,
el tiempo, y un día se obtuvo por accidente.
Los
registros fueron borrados, así que no queda claro que fue lo que pasó, lo
importante es que pasó. Una plaga fue liberada, tocando a cierta cantidad de
personas específicas, por una razón no descubierta aun. Personas que fueron
mutadas a algo distinto. Siendo honesto, podría sonar ridículo el resultado, ya
que es muy cercano al llamado vampirismo. Se puede decir que se trataba de una
anemia avanzada, acompañada con fotosensibilidad, pero de todas formas, vampirismo
al fin y al cabo. Como tal, trajo aparejado el más grande don, la eterna
juventud, el no envejecer, el tiempo tan preciado y necesitado.
Como
es de esperar, los humanos que no fueron agraciados por esta bendición, no
pudieron aceptarlo, empezando una larga guerra. Han pasado muchos años desde
eso, pero los libros de historia lo recuerdan para todos. Yo no lo viví, se que
sonara extraño, pero aunque no envejecemos más de la cuenta, si crecemos,
aunque a velocidad muy lenta, y yo era un niño cuando empezó todo, uno muy
pequeño. Los demás humanos no pudieron hacer nada, sus armas no servían contra
nosotros. Aunque muchos se perdieron, ganamos. Los antiguos seres humanos
desaparecieron de la faz de la Tierra, negándose a poder vivir en paz con
nosotros, aunque la oferta existió.
No
pasó demasiado para que las heridas del planeta fueran sanadas. La alimentación
no se volvió un problema, ya que un grupo de científicos lograron diseñar
sangre sintética, que en teoría generaría el mismo efecto en nosotros que la
sangre humana real. Hasta dijeron que si hubiera humanos no vampirizados dando
vuelta entre nosotros, ni siquiera tendríamos necesidad de atacarlos.
Protegidos de la luz durante el día, desarrollamos la tecnología a una escala
que nadie habría soñado jamás. Sin
guerras, sin hambre, sin enfermedades, no solo por nuestras capacidades, sino
porque las erradicamos por placer, viviendo en paz con los demás seres vivos.
Como nuestro número es prácticamente fijo, ya que no podemos tener hijos, no
necesitamos nuevos hogares y nos dedicamos de lleno a recuperar la naturaleza.
Incluso con modificación genética recreamos especies que habían sido
extinguidas por nuestros antepasados. Los valores volvieron a ser vitales. No más
violencia, no más ataques, nuestra seguridad era avanzada, pero innecesaria.
Los crímenes eran respondidos con duras penas, pero a la larga ya no fue
necesario. Nadie los cometía.
Resumiendo,
nuestra sociedad es perfecta, la conjunción de todo lo que la humanidad siempre
quiso ser, hecho en unos años, simplemente porque todos sabemos que tenemos
algo, el tiempo, aquello que nos acompañara por siempre, junto con la
honestidad, la paz, y la comprensión de nuestros congéneres.
Fue
entonces, que un día, cerca de donde yo vivía, apareció un humano antiguo. No sé
de donde salió, tampoco parecía interesarme, y me acerqué, al igual que otros
como yo.
Era
un niño, dijo algunas palabras, creo que tenía hambre, o algo así, no entendí
muy bien. Di un salto para llegar hasta él, pero otra persona me detuvo en el
aire. Cuando me levanté, noté como el que me había atacado me miraba con
agresividad, y se dirigió hacia el chico, no, no me iba a quitar a mi presa, así
que reaccioné.
La
pelea fue larga, otros se sumaron con el tiempo. Los ataques entre nosotros
eran terribles, no teníamos el más mínimo problema en destrozar, dañar,
lastimar…
No
pasó mucho tiempo para que uno llegara hasta el chico, y le hiciera un pequeño
tajo en el brazo, suficiente para que los demás dejáramos de estar interesados
en pelearnos. El líquido rojo salía, se veía tan especial. Los siguientes
minutos fueron borrosos, carne volando por los aires, dientes devorando,
liquido rojo bañándolo todo. Algunos seguían atacándose entre sí para comer más,
pero la mayoría ya ni prestaba atención a aquello, solo seguían en su tarea.
Cuando
todo terminó, nos miramos entre nosotros, nuestras ropas estaban manchadas de
rojo, aunque esa sangre ya no nos atraía en lo más mínimo. No faltó alguno que
intentara lamerla, para descubrir que el sabor no era disfrutable. Pese a que
nuestras heridas se curaban rápido, algunos todavía tenían unas, en su mayoría
profundas, que se cerraban lentamente.
Los
hombres se acomodaron las corbatas, las mujeres el peinado, y sin hablar
demasiado, más allá de algunos saludos, nos fuimos rumbo a nuestros hogares. Ya
no quedaban restos que indicaran que había pasado allí, y a la noche siguiente
todo estaba limpio. La vida eterna continúo sin más sobresaltos.
Nuestra
sociedad es perfecta, eso es claro, pero hay recuerdos que es mejor dejar
olvidados, total, a nadie le hace daño tapar algún que otro pequeño secreto,
¿no?
FIN.
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