sábado, 1 de agosto de 2015

Sociedad perfecta



Una especie de mezclum de distintos conceptos en base a unos monstruos clásicos de la ficción. Ultimo texto que subiré por un tiempo ahora que me voy unas semanas de vacaciones, así que volveré posiblemente el 22 o por ahí según cuanto tarde en acomodarme, tal vez suba más cosas que una por semana para recuperar el tiempo perdido. Este texto fue corregido en gran parte por Repzero, si, dejémoslo ahí.


La paz es algo que fue considerada una utopía por muchos años, ¿por qué?, simplemente porque a la humanidad siempre le faltó algo que era vital para conseguirla, tiempo.

El tiempo siempre fue la clave. No es necesario analizarlo mucho para darse cuenta, si alguien pudiera permanecer en la Tierra por toda la eternidad, no tendría sentido pelear contra otros, después de todo, la paciencia le permitiría seguir adelante, afrontar cualquier desafío, buscar soluciones. Pero aunque la vida de las personas a veces les parezca larga, siempre se acaba alguna vez, y ese temor es lo que genera la ansiedad, el deseo de obtener todo lo más rápidamente posible, aun a costa del prójimo.

Entonces, para que el mundo pudiera madurar en serio, lo único que se necesitaba era eso, el tiempo, y un día se obtuvo por accidente.

Los registros fueron borrados, así que no queda claro que fue lo que pasó, lo importante es que pasó. Una plaga fue liberada, tocando a cierta cantidad de personas específicas, por una razón no descubierta aun. Personas que fueron mutadas a algo distinto. Siendo honesto, podría sonar ridículo el resultado, ya que es muy cercano al llamado vampirismo. Se puede decir que se trataba de una anemia avanzada, acompañada con fotosensibilidad, pero de todas formas, vampirismo al fin y al cabo. Como tal, trajo aparejado el más grande don, la eterna juventud, el no envejecer, el tiempo tan preciado y necesitado.

Como es de esperar, los humanos que no fueron agraciados por esta bendición, no pudieron aceptarlo, empezando una larga guerra. Han pasado muchos años desde eso, pero los libros de historia lo recuerdan para todos. Yo no lo viví, se que sonara extraño, pero aunque no envejecemos más de la cuenta, si crecemos, aunque a velocidad muy lenta, y yo era un niño cuando empezó todo, uno muy pequeño. Los demás humanos no pudieron hacer nada, sus armas no servían contra nosotros. Aunque muchos se perdieron, ganamos. Los antiguos seres humanos desaparecieron de la faz de la Tierra, negándose a poder vivir en paz con nosotros, aunque la oferta existió.

No pasó demasiado para que las heridas del planeta fueran sanadas. La alimentación no se volvió un problema, ya que un grupo de científicos lograron diseñar sangre sintética, que en teoría generaría el mismo efecto en nosotros que la sangre humana real. Hasta dijeron que si hubiera humanos no vampirizados dando vuelta entre nosotros, ni siquiera tendríamos necesidad de atacarlos. Protegidos de la luz durante el día, desarrollamos la tecnología a una escala que nadie habría  soñado jamás. Sin guerras, sin hambre, sin enfermedades, no solo por nuestras capacidades, sino porque las erradicamos por placer, viviendo en paz con los demás seres vivos. Como nuestro número es prácticamente fijo, ya que no podemos tener hijos, no necesitamos nuevos hogares y nos dedicamos de lleno a recuperar la naturaleza. Incluso con modificación genética recreamos especies que habían sido extinguidas por nuestros antepasados. Los valores volvieron a ser vitales. No más violencia, no más ataques, nuestra seguridad era avanzada, pero innecesaria. Los crímenes eran respondidos con duras penas, pero a la larga ya no fue necesario. Nadie los cometía.
Resumiendo, nuestra sociedad es perfecta, la conjunción de todo lo que la humanidad siempre quiso ser, hecho en unos años, simplemente porque todos sabemos que tenemos algo, el tiempo, aquello que nos acompañara por siempre, junto con la honestidad, la paz, y la comprensión de nuestros congéneres.
Fue entonces, que un día, cerca de donde yo vivía, apareció un humano antiguo. No sé de donde salió, tampoco parecía interesarme, y me acerqué, al igual que otros como yo.

Era un niño, dijo algunas palabras, creo que tenía hambre, o algo así, no entendí muy bien. Di un salto para llegar hasta él, pero otra persona me detuvo en el aire. Cuando me levanté, noté como el que me había atacado me miraba con agresividad, y se dirigió hacia el chico, no, no me iba a quitar a mi presa, así que reaccioné.

La pelea fue larga, otros se sumaron con el tiempo. Los ataques entre nosotros eran terribles, no teníamos el más mínimo problema en destrozar, dañar, lastimar…

No pasó mucho tiempo para que uno llegara hasta el chico, y le hiciera un pequeño tajo en el brazo, suficiente para que los demás dejáramos de estar interesados en pelearnos. El líquido rojo salía, se veía tan especial. Los siguientes minutos fueron borrosos, carne volando por los aires, dientes devorando, liquido rojo bañándolo todo. Algunos seguían atacándose entre sí para comer más, pero la mayoría ya ni prestaba atención a aquello, solo seguían en su tarea.
 
Cuando todo terminó, nos miramos entre nosotros, nuestras ropas estaban manchadas de rojo, aunque esa sangre ya no nos atraía en lo más mínimo. No faltó alguno que intentara lamerla, para descubrir que el sabor no era disfrutable. Pese a que nuestras heridas se curaban rápido, algunos todavía tenían unas, en su mayoría profundas, que se cerraban lentamente.

Los hombres se acomodaron las corbatas, las mujeres el peinado, y sin hablar demasiado, más allá de algunos saludos, nos fuimos rumbo a nuestros hogares. Ya no quedaban restos que indicaran que había pasado allí, y a la noche siguiente todo estaba limpio. La vida eterna continúo sin más sobresaltos.
Nuestra sociedad es perfecta, eso es claro, pero hay recuerdos que es mejor dejar olvidados, total, a nadie le hace daño tapar algún que otro pequeño secreto, ¿no?

FIN.

domingo, 26 de julio de 2015

El ataque de las sandías asesinas en 3D



Por si el nombre de la historia no lo dejó bien en claro, hoy toca derrape absoluto. Lo más curioso es que esta cosa la mande a un concurso literario una vez, no me sorprendería si la dejaron en el último puesto, jaja. Ah, y si, se supone que actualizo los sábados, pero bueno, cosas que pasan.

Nuestra historia comienza con un científico, el reconocido Charles Augurey, que, luego de numerosos intentos fallidos, no lograba encontrar una fórmula que le permitiera obtener un color de pelo que no se viera falso. Los resultados de sus experimentos incluso le estaban causando problemas con sus vecinos, inmigrantes de algún país con nombre chistoso, pero no se rindió y continuó adelante.
Cuando parecía que al fin su objetivo se había cumplido, la mágica sustancia terminó resbalándose de sus frágiles y débiles dedos de persona ajena al trabajo duro (y que vive con salario mínimo), cayendo sobre una sandía, que, por razones más allá de la comprensión humana, se encontraba en ese momento en el suelo de la habitación. El resultado fue sorprendente. La Citrullus Lanatus en cuestión comenzó a moverse, como si dentro de su cuerpo unos incompletos pulmones intentaran obtener aire para respirar y no pudieran por la fina y poderosa cascara de color verde. Charles cortó un pedazo de la misma, y el agujero resultante se movió como una boca, mientras el aire ingresaba rápidamente y el jugo salía manchando la fina alfombra, comprada en una tienda de usados a muy buen precio.
El científico estaba maravillado. De alguna forma, la fruta había cobrado vida por efecto del extraño líquido que hasta hace unos segundos iba a ser probado en una pobre rata de laboratorio que a duras penas podía moverse debido a la cantidad de químicos que había acumulado en su sangre con los años. Algo como lo que había sucedido, lo de la sandía, obviamente no lo de la rata, podría cambiar el mundo para siempre, pero primero había que revisar qué posibilidades tenía la pulposa criatura.
Los intentos del científico de enseñarle matemáticas resultaron en desastre. Obviamente, la sandia no estaba interesada en derivadas e integrales. Su única ocupación parecía ser respirar y, de vez en cuando, escupir algo de jugo, manchando equipamiento estimado en varios miles de dólares.
Después de muchos intentos con distintos cálculos y ecuaciones, Charles sufrió al ver como su creación lentamente había dejado de moverse. Intentó recuperarla de alguna forma, pero parecía que no podía, la sandía había muerto. Empezó a plantearse si realmente había estado viva alguna vez, más allá de ser parte de una planta, que es obviamente un ser vivo. Tal vez todo lo sucedido había sido solo una reacción a la tintura o de los estupefacientes que había consumido y poco más. Se deshizo de la fruta, y empezó a preguntarse por qué razón había una sandía en el suelo de su habitación en primer lugar. Pero lo interesante pasó afuera. La sandía fue encontrada por un hombre que trabajaba como ayudante en una frutería,  pero que odiaba a su jefe. Por alguna razón, creyó que colocar esa sandía en mal estado junto con las demás de la tienda, podría causarle problemas (de mi parte, considero que hay métodos mejores para molestar a alguien, como llamadas en broma o amenazas por carta, que colocar fruta podrida en un cajón, pero estamos hablando de un simple empleado que a duras penas pudo terminar la primaria, y en turno nocturno mientras trabajaba vendiendo chocolates en el puerto).
Ni bien la sandía fue colocada con sus congéneres, sus jugos chocaron con ellas, y terminaron alterándolas. Por el azar del destino, esta vez la transformación fue más grande, y el resultado fue un ejército de cucurbitáceas mutantes, con ojos, piernas, y brazos, sospechosamente parecidos a los de los seres humanos (cuesta encontrarle el sentido, pero si se toma en cuenta el Darwinismo, y se ignoran algunas leyes de la física molestas, no es tan extraño).
Estas sandias, claramente sintieron una aversión por la humanidad, que tiende a comprar melón o manzanas en vez de ellas, por citar frutas que se parezcan (las manzanas claro que se parecen, son rojas en parte).
Sus actos fueron rápidos. Atacaron a una tienda de armas, atendida por una inocente anciana, y, armados hasta los dientes que no tenían, comenzaron sus ataques.
No tardaron en producir toda clase de hechos horribles y, en algunos casos, denigrantes. Robos, asesinatos, violaciones, genocidios, y levante de quiniela clandestina. Si algo se puede decir, es que al menos no les vendían droga a los niños. Eso es algo bueno, aunque muchas veces se los comieran.
Charles no tardó en darse cuenta de que todo había sido su culpa. Eso, o de que otro científico también estaba buscando tinturas para el cabello (es un tema muy en boca en la comunidad científica actual). Decidido a encontrar una cura, trabajo durante día y noche, menos los lunes que tiene franco, y logró encontrar la máxima sustancia removedora de color para el pelo. Solo restaba encontrar a un guerrero lo suficientemente capaz de usarla, ya que a él ya le dolía la cadera.
Fue así que llegó el gran Edward, cuyo apellido me anoté en un papel que perdí mientras venía para acá. Un jugador de futbol profesional, con un coeficiente intelectual ligeramente menor a la media y, lo más importante, pectorales, de esos que son grandes. La persona perfecta para cumplir el rol. El doctor lo conocía de un antiguo congreso que se había celebrado en Macedonia, y si, suena raro, pero Macedonia tiene una gran cultura científica, o eso era lo que decían los folletos al menos.
Edward se armó con una pistola que llevaba la peligrosa sustancia y salió a la calle. Las sandías no pudieron hace nada para detenerlo y fueron muriendo a medida que el liquido las mojaba. Hubiera sido su final, de no ser porque eran un ejército de miles contra un solo sujeto corriendo con una pistola, así que eventualmente lo redujeron, y es mejor no decir que le pasó al pobre Edward. Lo gracioso de todo esto es que el ejército ni siquiera intervino porque era feriado.
Así que finalmente, el mundo se acabó. Las sandias lo conquistaron, y exterminaron a la humanidad. Lo bueno de todo esto, es que no les vendieron droga a los niños, salvo una vez, pero fue un accidente, además el documento del chico estaba muy bien falsificado.
FIN.

sábado, 18 de julio de 2015

Cuestión de cordura



Este texto originalmente fue para un concurso, por eso es bastante corto, ya que tuve que atenerme a una cantidad de palabras especificas (como odio eso). Si se ve muy similar al anterior es porque en cierta forma fue un “Remake” que hice de ese pero para el concurso. Y de nuevo Antonio Sotomayor hace la revisión esta vez. Nahuel volverá la próxima semana.


En un primer momento pensé que mi hija gritaría más, pero al final su madre fue la que me dio la sorpresa. Cuando las autoridades llegaron, ya había terminado. Les fue inesperado encontrar los cadáveres de mi mujer y mi hija, con mis manos manchadas de sangre hasta el codo, más aun porque yo había hecho la llamada, pero todo era necesario para marcar mi punto.

El juicio fue largo y tedioso. Yo ya había vivido varios de ellos, solo que nunca desde esta posición. Muchos de mis compañeros estuvieron allí, intentando aducir que mis actos no habían sido los de un hombre cuerdo. Debo admitir que su esfuerzo era valorable, hasta varios policías habían vomitado al ver lo que yo había hecho, que alguien aun me guardara empatía era asombroso. Al final salieron victoriosos, y fui enviado a un hospital psiquiátrico en vez de a una cárcel. Me senté tranquilamente en mi cuarto acolchado, y esperé a que se fueran para terminar con esto. Lloré, y bastante, pero después no pude evitar sentirme bien. Lo había logrado, después de años de trabajar con los más peligrosos psicópatas, de analizar sus delicadas mentes, había logrado lo impensable, había activado la locura de manera voluntaria, y la había apagado una vez que hubiera terminado. Fue terrible, lo sé, pero ahora estaba cuerdo, y me daba cuenta de los actos horribles que había cometido, ya no había vuelta atrás, pero si mucho trabajo por hacer.

Con cierta dificultad grité para avisarle a los guardias, pero no contestaron, probablemente tendría que insistir, y por mucho tiempo, me iba a costar convencerlos, pero ahora ya no estaba loco, era un hombre cuerdo una vez más, un hombre cuerdo, si. Lentamente, los muros a mí alrededor se me hacen más cerrados, y siento como mi última afirmación se pone en duda.

sábado, 11 de julio de 2015

Pensamiento circular



Hoy vamos a tener otra historia bastante vieja, de lo primero que escribí original para subir a internet, y que es muy similar a lo que va a venir la semana que viene, pero después diré un poco más acerca de eso. Esta vez Nahuel no se encontraba disponible, así que le doy las gracias a Antonio Sotomayor por hacer la revisión. Cualquier queja a él.


Ese día me desperté con ganas de matar a alguien.

Simplemente eso. Era como un sentimiento interno y ya, así que fui y maté a mi esposa, incluso los oficiales policiacos más avanzados no podían evitar vomitar cuando entraron a mi hogar; yo les había llamado cuando terminé.

Los médicos jamás pudieron explicarlo, normalmente hay una base psicológica que justifica estos casos, pero mi historial rechazaba cualquier hipótesis.

¿Problemas maritales? Ninguno. La relación con mi mujer llevaba solo unos cinco hermosos años, y todos sabían que tener hijos no estaba en nuestras ideas próximas siquiera.

¿Padres abusadores, sobreprotectores, exigentes, desganados? Tampoco. Debo aceptar que mi infancia debe haber sido una de las más felices; aprendí a valorar lo que uno tiene, esforzarse por los demás más que por uno mismo, pero sin dejar de lado la propia integración personal.

¿Trabajo? Uno muy bueno como abogado, siempre había sido mi sueño desde chico.

¿Sexualidad? Normal, supongo, nunca me he quejado.

¿Perfección agobiante? Para nada. Todos los problemas de una persona común y corriente entraban en mi vida; ni en manera excesiva, ni en mínima, solamente estaban, como en cualquier ser humano, a un grado que no producía estrés o colesterol elevado, pero que tampoco me dejaba estar feliz todo el tiempo.

¿Problemas económicos? A veces; pero al mismo tiempo pasábamos rachas sin problemas.

¿Salud? Tuve algunos picos de hipertensión hacia un año o dos, pero nada grave. Solo con un mínimo cuidado en la dieta podría evitarlos nuevamente, de todas formas nunca fui muy aficionado a las comidas con mucha sal.

¿Y entonces qué? Entonces simplemente fui catalogado como algo imposible de determinar. Era como si un día no hubiera tenido ningún sentimiento que me hubiera evitado degollar a mi pareja y rebanarla en varios pedacitos, por el mero placer de hacerlo. Nunca me había gustado el morbo, e incluso escapaba al cine sangriento; pero parecía que las cosas habían cambiado de la noche a la mañana, como si fuera otra persona.

Pero no, era yo. Ese detalle había desaparecido, y no me molestaba en lo mas mínimo.

Pasé varios meses internado, tal vez años. Ya era prácticamente imposible encontrar un entendimiento para mi mal, y se hablaba de una reintegración en la sociedad entre algunos médicos que nunca encontraban anomalías en mis actitudes, aun pese a lo que había sucedido; pero el que tenia de cabecera insistía en que seguía igual que cuando me internaron.

Como no había vuelto a agredir a nadie, y mi actitud era prácticamente la misma que había tenido antes de lo que pasó con mi mujer, resultaba curioso el tema de los sentimientos. Era como si hubieran desaparecido en su forma real, o algo similar; porque aunque los expresaba, no parecía importarme.

Y un día de esos, volvieron a ser como eran antes, sin ninguna razón, de la misma forma que habían cambiado; y lloré, grité, e incluso quise matarme.

Pasaron varios años desde eso hasta que los doctores notaron que ya no quedaba rastro de aquel que había ingresado. Solo era un pobre diablo que se sentía en el lugar incorrecto. Mi actitud era la misma que la de cualquier otro que siente un arrepentimiento por algo horrible.

Mi cordura fue aprobada eventualmente sin problemas, lo que me permitió salir tras haber pasado unos diez años en total encerrado. A mi entender se debió más al deseo de los médicos de deshacerse de mí luego del fallecimiento de mi antiguo psiquiatra, que porque realmente mi mente se hubiera estructurado según los parámetros correctos.

Aunque mis pensamientos eran como antes, ya no disfrutaba de la misma forma. Mis instintos violentos habían desaparecido, aunque casi ni se habían manifestado; y había culpa, demasiada.

Pasó el tiempo, y me di cuenta que mi vida podía volver a ser escrita. No intente volver a relacionarme con mi familia por mi cuenta, no quería que sufrieran.

Mis ex jefes del buffet no sabían tanto del tema en sí; y como extrañaban mis grandes capacidades, volví al trabajo gracias a sus recomendaciones, por lo que pude permitirme una casa buena.

Conocí a una mujer de unos treinta años durante una reunión de trabajo, y empecé una relación con ella; pese a que me traía algunos recuerdos no muy buenos de mi antigua pareja, me permitió disfrutar nuevamente de la vida.

Y en la última semana, mis padres habían vuelto a hablarme, las cosas estaban mejorando.
La felicidad inundó mi corazón nuevamente, no podía expresarlo con palabras. Había perdido mucho, pero lograba seguir adelante.

Hoy me desperté con ganas de matar a alguien.