domingo, 26 de julio de 2015

El ataque de las sandías asesinas en 3D



Por si el nombre de la historia no lo dejó bien en claro, hoy toca derrape absoluto. Lo más curioso es que esta cosa la mande a un concurso literario una vez, no me sorprendería si la dejaron en el último puesto, jaja. Ah, y si, se supone que actualizo los sábados, pero bueno, cosas que pasan.

Nuestra historia comienza con un científico, el reconocido Charles Augurey, que, luego de numerosos intentos fallidos, no lograba encontrar una fórmula que le permitiera obtener un color de pelo que no se viera falso. Los resultados de sus experimentos incluso le estaban causando problemas con sus vecinos, inmigrantes de algún país con nombre chistoso, pero no se rindió y continuó adelante.
Cuando parecía que al fin su objetivo se había cumplido, la mágica sustancia terminó resbalándose de sus frágiles y débiles dedos de persona ajena al trabajo duro (y que vive con salario mínimo), cayendo sobre una sandía, que, por razones más allá de la comprensión humana, se encontraba en ese momento en el suelo de la habitación. El resultado fue sorprendente. La Citrullus Lanatus en cuestión comenzó a moverse, como si dentro de su cuerpo unos incompletos pulmones intentaran obtener aire para respirar y no pudieran por la fina y poderosa cascara de color verde. Charles cortó un pedazo de la misma, y el agujero resultante se movió como una boca, mientras el aire ingresaba rápidamente y el jugo salía manchando la fina alfombra, comprada en una tienda de usados a muy buen precio.
El científico estaba maravillado. De alguna forma, la fruta había cobrado vida por efecto del extraño líquido que hasta hace unos segundos iba a ser probado en una pobre rata de laboratorio que a duras penas podía moverse debido a la cantidad de químicos que había acumulado en su sangre con los años. Algo como lo que había sucedido, lo de la sandía, obviamente no lo de la rata, podría cambiar el mundo para siempre, pero primero había que revisar qué posibilidades tenía la pulposa criatura.
Los intentos del científico de enseñarle matemáticas resultaron en desastre. Obviamente, la sandia no estaba interesada en derivadas e integrales. Su única ocupación parecía ser respirar y, de vez en cuando, escupir algo de jugo, manchando equipamiento estimado en varios miles de dólares.
Después de muchos intentos con distintos cálculos y ecuaciones, Charles sufrió al ver como su creación lentamente había dejado de moverse. Intentó recuperarla de alguna forma, pero parecía que no podía, la sandía había muerto. Empezó a plantearse si realmente había estado viva alguna vez, más allá de ser parte de una planta, que es obviamente un ser vivo. Tal vez todo lo sucedido había sido solo una reacción a la tintura o de los estupefacientes que había consumido y poco más. Se deshizo de la fruta, y empezó a preguntarse por qué razón había una sandía en el suelo de su habitación en primer lugar. Pero lo interesante pasó afuera. La sandía fue encontrada por un hombre que trabajaba como ayudante en una frutería,  pero que odiaba a su jefe. Por alguna razón, creyó que colocar esa sandía en mal estado junto con las demás de la tienda, podría causarle problemas (de mi parte, considero que hay métodos mejores para molestar a alguien, como llamadas en broma o amenazas por carta, que colocar fruta podrida en un cajón, pero estamos hablando de un simple empleado que a duras penas pudo terminar la primaria, y en turno nocturno mientras trabajaba vendiendo chocolates en el puerto).
Ni bien la sandía fue colocada con sus congéneres, sus jugos chocaron con ellas, y terminaron alterándolas. Por el azar del destino, esta vez la transformación fue más grande, y el resultado fue un ejército de cucurbitáceas mutantes, con ojos, piernas, y brazos, sospechosamente parecidos a los de los seres humanos (cuesta encontrarle el sentido, pero si se toma en cuenta el Darwinismo, y se ignoran algunas leyes de la física molestas, no es tan extraño).
Estas sandias, claramente sintieron una aversión por la humanidad, que tiende a comprar melón o manzanas en vez de ellas, por citar frutas que se parezcan (las manzanas claro que se parecen, son rojas en parte).
Sus actos fueron rápidos. Atacaron a una tienda de armas, atendida por una inocente anciana, y, armados hasta los dientes que no tenían, comenzaron sus ataques.
No tardaron en producir toda clase de hechos horribles y, en algunos casos, denigrantes. Robos, asesinatos, violaciones, genocidios, y levante de quiniela clandestina. Si algo se puede decir, es que al menos no les vendían droga a los niños. Eso es algo bueno, aunque muchas veces se los comieran.
Charles no tardó en darse cuenta de que todo había sido su culpa. Eso, o de que otro científico también estaba buscando tinturas para el cabello (es un tema muy en boca en la comunidad científica actual). Decidido a encontrar una cura, trabajo durante día y noche, menos los lunes que tiene franco, y logró encontrar la máxima sustancia removedora de color para el pelo. Solo restaba encontrar a un guerrero lo suficientemente capaz de usarla, ya que a él ya le dolía la cadera.
Fue así que llegó el gran Edward, cuyo apellido me anoté en un papel que perdí mientras venía para acá. Un jugador de futbol profesional, con un coeficiente intelectual ligeramente menor a la media y, lo más importante, pectorales, de esos que son grandes. La persona perfecta para cumplir el rol. El doctor lo conocía de un antiguo congreso que se había celebrado en Macedonia, y si, suena raro, pero Macedonia tiene una gran cultura científica, o eso era lo que decían los folletos al menos.
Edward se armó con una pistola que llevaba la peligrosa sustancia y salió a la calle. Las sandías no pudieron hace nada para detenerlo y fueron muriendo a medida que el liquido las mojaba. Hubiera sido su final, de no ser porque eran un ejército de miles contra un solo sujeto corriendo con una pistola, así que eventualmente lo redujeron, y es mejor no decir que le pasó al pobre Edward. Lo gracioso de todo esto es que el ejército ni siquiera intervino porque era feriado.
Así que finalmente, el mundo se acabó. Las sandias lo conquistaron, y exterminaron a la humanidad. Lo bueno de todo esto, es que no les vendieron droga a los niños, salvo una vez, pero fue un accidente, además el documento del chico estaba muy bien falsificado.
FIN.

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