Por si el nombre de la
historia no lo dejó bien en claro, hoy toca derrape absoluto. Lo más curioso es
que esta cosa la mande a un concurso literario una vez, no me sorprendería si
la dejaron en el último puesto, jaja. Ah, y si, se supone que actualizo los sábados,
pero bueno, cosas que pasan.
Nuestra historia
comienza con un científico, el reconocido Charles Augurey, que, luego de
numerosos intentos fallidos, no lograba encontrar una fórmula que le permitiera
obtener un color de pelo que no se viera falso. Los resultados de sus
experimentos incluso le estaban causando problemas con sus vecinos, inmigrantes
de algún país con nombre chistoso, pero no se rindió y continuó adelante.
Cuando parecía que al
fin su objetivo se había cumplido, la mágica sustancia terminó resbalándose de
sus frágiles y débiles dedos de persona ajena al trabajo duro (y que vive con
salario mínimo), cayendo sobre una sandía, que, por razones más allá de la
comprensión humana, se encontraba en ese momento en el suelo de la habitación. El
resultado fue sorprendente. La Citrullus Lanatus en cuestión comenzó a moverse,
como si dentro de su cuerpo unos incompletos pulmones intentaran obtener aire
para respirar y no pudieran por la fina y poderosa cascara de color verde.
Charles cortó un pedazo de la misma, y el agujero resultante se movió como una
boca, mientras el aire ingresaba rápidamente y el jugo salía manchando la fina
alfombra, comprada en una tienda de usados a muy buen precio.
El científico estaba
maravillado. De alguna forma, la fruta había cobrado vida por efecto del
extraño líquido que hasta hace unos segundos iba a ser probado en una pobre
rata de laboratorio que a duras penas podía moverse debido a la cantidad de
químicos que había acumulado en su sangre con los años. Algo como lo que había
sucedido, lo de la sandía, obviamente no lo de la rata, podría cambiar el mundo
para siempre, pero primero había que revisar qué posibilidades tenía la pulposa
criatura.
Los intentos del
científico de enseñarle matemáticas resultaron en desastre. Obviamente, la
sandia no estaba interesada en derivadas e integrales. Su única ocupación
parecía ser respirar y, de vez en cuando, escupir algo de jugo, manchando equipamiento
estimado en varios miles de dólares.
Después de muchos
intentos con distintos cálculos y ecuaciones, Charles sufrió al ver como su
creación lentamente había dejado de moverse. Intentó recuperarla de alguna
forma, pero parecía que no podía, la sandía había muerto. Empezó a plantearse
si realmente había estado viva alguna vez, más allá de ser parte de una planta,
que es obviamente un ser vivo. Tal vez todo lo sucedido había sido solo una
reacción a la tintura o de los estupefacientes que había consumido y poco más.
Se deshizo de la fruta, y empezó a preguntarse por qué razón había una sandía
en el suelo de su habitación en primer lugar. Pero lo interesante pasó afuera.
La sandía fue encontrada por un hombre que trabajaba como ayudante en una
frutería, pero que odiaba a su jefe. Por
alguna razón, creyó que colocar esa sandía en mal estado junto con las demás de
la tienda, podría causarle problemas (de mi parte, considero que hay métodos
mejores para molestar a alguien, como llamadas en broma o amenazas por carta,
que colocar fruta podrida en un cajón, pero estamos hablando de un simple
empleado que a duras penas pudo terminar la primaria, y en turno nocturno
mientras trabajaba vendiendo chocolates en el puerto).
Ni bien la sandía fue
colocada con sus congéneres, sus jugos chocaron con ellas, y terminaron
alterándolas. Por el azar del destino, esta vez la transformación fue más grande,
y el resultado fue un ejército de cucurbitáceas mutantes, con ojos, piernas, y
brazos, sospechosamente parecidos a los de los seres humanos (cuesta
encontrarle el sentido, pero si se toma en cuenta el Darwinismo, y se ignoran
algunas leyes de la física molestas, no es tan extraño).
Estas sandias,
claramente sintieron una aversión por la humanidad, que tiende a comprar melón
o manzanas en vez de ellas, por citar frutas que se parezcan (las manzanas
claro que se parecen, son rojas en parte).
Sus actos fueron rápidos.
Atacaron a una tienda de armas, atendida por una inocente anciana, y, armados
hasta los dientes que no tenían, comenzaron sus ataques.
No tardaron en producir
toda clase de hechos horribles y, en algunos casos, denigrantes. Robos,
asesinatos, violaciones, genocidios, y levante de quiniela clandestina. Si algo
se puede decir, es que al menos no les vendían droga a los niños. Eso es algo
bueno, aunque muchas veces se los comieran.
Charles no tardó en
darse cuenta de que todo había sido su culpa. Eso, o de que otro científico también
estaba buscando tinturas para el cabello (es un tema muy en boca en la
comunidad científica actual). Decidido a encontrar una cura, trabajo durante
día y noche, menos los lunes que tiene franco, y logró encontrar la máxima sustancia
removedora de color para el pelo. Solo restaba encontrar a un guerrero lo
suficientemente capaz de usarla, ya que a él ya le dolía la cadera.
Fue así que llegó el
gran Edward, cuyo apellido me anoté en un papel que perdí mientras venía para acá.
Un jugador de futbol profesional, con un coeficiente intelectual ligeramente
menor a la media y, lo más importante, pectorales, de esos que son grandes. La
persona perfecta para cumplir el rol. El doctor lo conocía de un antiguo
congreso que se había celebrado en Macedonia, y si, suena raro, pero Macedonia
tiene una gran cultura científica, o eso era lo que decían los folletos al
menos.
Edward se armó con una
pistola que llevaba la peligrosa sustancia y salió a la calle. Las sandías no
pudieron hace nada para detenerlo y fueron muriendo a medida que el liquido las
mojaba. Hubiera sido su final, de no ser porque eran un ejército de miles
contra un solo sujeto corriendo con una pistola, así que eventualmente lo
redujeron, y es mejor no decir que le pasó al pobre Edward. Lo gracioso de todo
esto es que el ejército ni siquiera intervino porque era feriado.
Así que finalmente, el
mundo se acabó. Las sandias lo conquistaron, y exterminaron a la humanidad. Lo
bueno de todo esto, es que no les vendieron droga a los niños, salvo una vez,
pero fue un accidente, además el documento del chico estaba muy bien
falsificado.
FIN.
No hay comentarios:
Publicar un comentario