sábado, 27 de junio de 2015

El Escritor



Primer escrito para el blog. Este cuento ha pasado por muchos lados (hasta una vez grabé un video en Youtube donde salgo leyéndolo), y si no me equivoco me dio una mención de honor en un concurso literario en el que participé con él hace unos años. Creo que es un buen primer paso para todo esto, ya que el tema que trata tiene algo de relación con el blog en sí. Obviamente con las correcciones de mi amigo Nahuel Pezo, que no leyó esta introducción, así que por eso tal  vez quede medio fea. Todo no se puede.


La transformación ocurre sin ninguna razón aparente, solo un impulso. Una motivación, alimentada hasta la saciedad, convertida en algo plausible y realista. En el momento que la tinta mancha el papel, con extrañas formas que poseen un significado realizado hace tantos años, el proceso llega a su máximo esplendor.

La mano se mueve grácilmente, sin errores ni disputas, y, a través de ella, las emociones de aquel que la controla, se van disgregando. Los horrores y las pasiones son desplegados sin freno. Todo aquello que en otro momento se encuentra encerrado en lo más hondo de su psique, escapa y se divierte, llevándolo a su más terrible encarnación. El verdadero él, aquel que no puede mostrar al resto, porque sabe que será maltratado y que nadie podría llegar a comprenderlo. Es lo que más desea eliminar, pero, a la vez, lo que más felicidad le trae, y el placer le impide acabar con su existencia, cayendo bajo su gigantesca influencia.

Las páginas se acumulan, como gruesos fragmentos del alma impregnados con aquello que los hace ser lo que son. Tal vez alguien llegue a ellas, y, sin poder entender lo que representan, crea ser una parte de ello. O puede que no, y terminen en la basura, acumuladas con muchas otras cosas de menos valor.

Todo esto continua hasta que la sed se controla, y todo lo que se encontraba acumulado se descarga, abandona al ser. El resultado puede parecerle detestable, pero sabe que en esos escritos hay más de él que en su vida, su patética vida, una mentira para creerse feliz. 

Una vez que la oscuridad lo abandona, vuelve a disfrutar de la compañía de sus semejantes, ajenos a lo que en verdad es. Pero aunque se esfuerce por olvidarlo, por reprimirlo, por destruirlo, cada vez que pase por su estudio, y vea la pluma y las hojas, el deseo empezara de nuevo a surgir en él, hasta que no pueda controlarlo, y, una vez más, vuelva a ser el esclavo de su verdadero y terrible yo.

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