Primer
escrito para el blog. Este cuento ha pasado por muchos lados (hasta una vez
grabé un video en Youtube donde salgo leyéndolo), y si no me equivoco me dio
una mención de honor en un concurso literario en el que participé con él hace
unos años. Creo que es un buen primer paso para todo esto, ya que el tema que
trata tiene algo de relación con el blog en sí. Obviamente con las correcciones
de mi amigo Nahuel Pezo, que no leyó esta introducción, así que por eso
tal vez quede medio fea. Todo no se
puede.
La
transformación ocurre sin ninguna razón aparente, solo un impulso. Una
motivación, alimentada hasta la saciedad, convertida en algo plausible y
realista. En el momento que la tinta mancha el papel, con extrañas formas que
poseen un significado realizado hace tantos años, el proceso llega a su máximo
esplendor.
La
mano se mueve grácilmente, sin errores ni disputas, y, a través de ella, las
emociones de aquel que la controla, se van disgregando. Los horrores y las
pasiones son desplegados sin freno. Todo aquello que en otro momento se
encuentra encerrado en lo más hondo de su psique, escapa y se divierte,
llevándolo a su más terrible encarnación. El verdadero él, aquel que no puede
mostrar al resto, porque sabe que será maltratado y que nadie podría llegar a
comprenderlo. Es lo que más desea eliminar, pero, a la vez, lo que más
felicidad le trae, y el placer le impide acabar con su existencia, cayendo bajo
su gigantesca influencia.
Las
páginas se acumulan, como gruesos fragmentos del alma impregnados con aquello
que los hace ser lo que son. Tal vez alguien llegue a ellas, y, sin poder
entender lo que representan, crea ser una parte de ello. O puede que no, y
terminen en la basura, acumuladas con muchas otras cosas de menos valor.
Todo
esto continua hasta que la sed se controla, y todo lo que se encontraba
acumulado se descarga, abandona al ser. El resultado puede parecerle
detestable, pero sabe que en esos escritos hay más de él que en su vida, su
patética vida, una mentira para creerse feliz.
Una
vez que la oscuridad lo abandona, vuelve a disfrutar de la compañía de sus
semejantes, ajenos a lo que en verdad es. Pero aunque se esfuerce por
olvidarlo, por reprimirlo, por destruirlo, cada vez que pase por su estudio, y
vea la pluma y las hojas, el deseo empezara de nuevo a surgir en él, hasta que
no pueda controlarlo, y, una vez más, vuelva a ser el esclavo de su verdadero y
terrible yo.
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