sábado, 18 de julio de 2015

Cuestión de cordura



Este texto originalmente fue para un concurso, por eso es bastante corto, ya que tuve que atenerme a una cantidad de palabras especificas (como odio eso). Si se ve muy similar al anterior es porque en cierta forma fue un “Remake” que hice de ese pero para el concurso. Y de nuevo Antonio Sotomayor hace la revisión esta vez. Nahuel volverá la próxima semana.


En un primer momento pensé que mi hija gritaría más, pero al final su madre fue la que me dio la sorpresa. Cuando las autoridades llegaron, ya había terminado. Les fue inesperado encontrar los cadáveres de mi mujer y mi hija, con mis manos manchadas de sangre hasta el codo, más aun porque yo había hecho la llamada, pero todo era necesario para marcar mi punto.

El juicio fue largo y tedioso. Yo ya había vivido varios de ellos, solo que nunca desde esta posición. Muchos de mis compañeros estuvieron allí, intentando aducir que mis actos no habían sido los de un hombre cuerdo. Debo admitir que su esfuerzo era valorable, hasta varios policías habían vomitado al ver lo que yo había hecho, que alguien aun me guardara empatía era asombroso. Al final salieron victoriosos, y fui enviado a un hospital psiquiátrico en vez de a una cárcel. Me senté tranquilamente en mi cuarto acolchado, y esperé a que se fueran para terminar con esto. Lloré, y bastante, pero después no pude evitar sentirme bien. Lo había logrado, después de años de trabajar con los más peligrosos psicópatas, de analizar sus delicadas mentes, había logrado lo impensable, había activado la locura de manera voluntaria, y la había apagado una vez que hubiera terminado. Fue terrible, lo sé, pero ahora estaba cuerdo, y me daba cuenta de los actos horribles que había cometido, ya no había vuelta atrás, pero si mucho trabajo por hacer.

Con cierta dificultad grité para avisarle a los guardias, pero no contestaron, probablemente tendría que insistir, y por mucho tiempo, me iba a costar convencerlos, pero ahora ya no estaba loco, era un hombre cuerdo una vez más, un hombre cuerdo, si. Lentamente, los muros a mí alrededor se me hacen más cerrados, y siento como mi última afirmación se pone en duda.

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