Hoy
vamos a tener otra historia bastante vieja, de lo primero que escribí original
para subir a internet, y que es muy similar a lo que va a venir la semana que
viene, pero después diré un poco más acerca de eso. Esta vez Nahuel no se
encontraba disponible, así que le doy las gracias a Antonio Sotomayor por hacer
la revisión. Cualquier queja a él.
Ese
día me desperté con ganas de matar a alguien.
Simplemente
eso. Era como un sentimiento interno y ya, así que fui y maté a mi esposa,
incluso los oficiales policiacos más avanzados no podían evitar vomitar cuando
entraron a mi hogar; yo les había llamado cuando terminé.
Los
médicos jamás pudieron explicarlo, normalmente hay una base psicológica que
justifica estos casos, pero mi historial rechazaba cualquier hipótesis.
¿Problemas
maritales? Ninguno. La relación con mi mujer llevaba solo unos cinco hermosos
años, y todos sabían que tener hijos no estaba en nuestras ideas próximas
siquiera.
¿Padres
abusadores, sobreprotectores, exigentes, desganados? Tampoco. Debo aceptar que
mi infancia debe haber sido una de las más felices; aprendí a valorar lo que
uno tiene, esforzarse por los demás más que por uno mismo, pero sin dejar de
lado la propia integración personal.
¿Trabajo?
Uno muy bueno como abogado, siempre había sido mi sueño desde chico.
¿Sexualidad?
Normal, supongo, nunca me he quejado.
¿Perfección
agobiante? Para nada. Todos los problemas de una persona común y corriente
entraban en mi vida; ni en manera excesiva, ni en mínima, solamente estaban,
como en cualquier ser humano, a un grado que no producía estrés o colesterol
elevado, pero que tampoco me dejaba estar feliz todo el tiempo.
¿Problemas
económicos? A veces; pero al mismo tiempo pasábamos rachas sin problemas.
¿Salud?
Tuve algunos picos de hipertensión hacia un año o dos, pero nada grave. Solo
con un mínimo cuidado en la dieta podría evitarlos nuevamente, de todas formas
nunca fui muy aficionado a las comidas con mucha sal.
¿Y
entonces qué? Entonces simplemente fui catalogado como algo imposible de
determinar. Era como si un día no hubiera tenido ningún sentimiento que me
hubiera evitado degollar a mi pareja y rebanarla en varios pedacitos, por el
mero placer de hacerlo. Nunca me había gustado el morbo, e incluso escapaba al
cine sangriento; pero parecía que las cosas habían cambiado de la noche a la
mañana, como si fuera otra persona.
Pero
no, era yo. Ese detalle había desaparecido, y no me molestaba en lo mas mínimo.
Pasé
varios meses internado, tal vez años. Ya era prácticamente imposible encontrar
un entendimiento para mi mal, y se hablaba de una reintegración en la sociedad
entre algunos médicos que nunca encontraban anomalías en mis actitudes, aun
pese a lo que había sucedido; pero el que tenia de cabecera insistía en que
seguía igual que cuando me internaron.
Como
no había vuelto a agredir a nadie, y mi actitud era prácticamente la misma que había
tenido antes de lo que pasó con mi mujer, resultaba curioso el tema de los
sentimientos. Era como si hubieran desaparecido en su forma real, o algo similar;
porque aunque los expresaba, no parecía importarme.
Y
un día de esos, volvieron a ser como eran antes, sin ninguna razón, de la misma
forma que habían cambiado; y lloré, grité, e incluso quise matarme.
Pasaron
varios años desde eso hasta que los doctores notaron que ya no quedaba rastro
de aquel que había ingresado. Solo era un pobre diablo que se sentía en el
lugar incorrecto. Mi actitud era la misma que la de cualquier otro que siente
un arrepentimiento por algo horrible.
Mi
cordura fue aprobada eventualmente sin problemas, lo que me permitió salir tras
haber pasado unos diez años en total encerrado. A mi entender se debió más al
deseo de los médicos de deshacerse de mí luego del fallecimiento de mi antiguo
psiquiatra, que porque realmente mi mente se hubiera estructurado según los
parámetros correctos.
Aunque
mis pensamientos eran como antes, ya no disfrutaba de la misma forma. Mis
instintos violentos habían desaparecido, aunque casi ni se habían manifestado;
y había culpa, demasiada.
Pasó
el tiempo, y me di cuenta que mi vida podía volver a ser escrita. No intente
volver a relacionarme con mi familia por mi cuenta, no quería que sufrieran.
Mis
ex jefes del buffet no sabían tanto del tema en sí; y como extrañaban mis
grandes capacidades, volví al trabajo gracias a sus recomendaciones, por lo que
pude permitirme una casa buena.
Conocí
a una mujer de unos treinta años durante una reunión de trabajo, y empecé una relación
con ella; pese a que me traía algunos recuerdos no muy buenos de mi antigua
pareja, me permitió disfrutar nuevamente de la vida.
Y
en la última semana, mis padres habían vuelto a hablarme, las cosas estaban
mejorando.
La
felicidad inundó mi corazón nuevamente, no podía expresarlo con palabras. Había
perdido mucho, pero lograba seguir adelante.
Hoy
me desperté con ganas de matar a alguien.
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