sábado, 11 de julio de 2015

Pensamiento circular



Hoy vamos a tener otra historia bastante vieja, de lo primero que escribí original para subir a internet, y que es muy similar a lo que va a venir la semana que viene, pero después diré un poco más acerca de eso. Esta vez Nahuel no se encontraba disponible, así que le doy las gracias a Antonio Sotomayor por hacer la revisión. Cualquier queja a él.


Ese día me desperté con ganas de matar a alguien.

Simplemente eso. Era como un sentimiento interno y ya, así que fui y maté a mi esposa, incluso los oficiales policiacos más avanzados no podían evitar vomitar cuando entraron a mi hogar; yo les había llamado cuando terminé.

Los médicos jamás pudieron explicarlo, normalmente hay una base psicológica que justifica estos casos, pero mi historial rechazaba cualquier hipótesis.

¿Problemas maritales? Ninguno. La relación con mi mujer llevaba solo unos cinco hermosos años, y todos sabían que tener hijos no estaba en nuestras ideas próximas siquiera.

¿Padres abusadores, sobreprotectores, exigentes, desganados? Tampoco. Debo aceptar que mi infancia debe haber sido una de las más felices; aprendí a valorar lo que uno tiene, esforzarse por los demás más que por uno mismo, pero sin dejar de lado la propia integración personal.

¿Trabajo? Uno muy bueno como abogado, siempre había sido mi sueño desde chico.

¿Sexualidad? Normal, supongo, nunca me he quejado.

¿Perfección agobiante? Para nada. Todos los problemas de una persona común y corriente entraban en mi vida; ni en manera excesiva, ni en mínima, solamente estaban, como en cualquier ser humano, a un grado que no producía estrés o colesterol elevado, pero que tampoco me dejaba estar feliz todo el tiempo.

¿Problemas económicos? A veces; pero al mismo tiempo pasábamos rachas sin problemas.

¿Salud? Tuve algunos picos de hipertensión hacia un año o dos, pero nada grave. Solo con un mínimo cuidado en la dieta podría evitarlos nuevamente, de todas formas nunca fui muy aficionado a las comidas con mucha sal.

¿Y entonces qué? Entonces simplemente fui catalogado como algo imposible de determinar. Era como si un día no hubiera tenido ningún sentimiento que me hubiera evitado degollar a mi pareja y rebanarla en varios pedacitos, por el mero placer de hacerlo. Nunca me había gustado el morbo, e incluso escapaba al cine sangriento; pero parecía que las cosas habían cambiado de la noche a la mañana, como si fuera otra persona.

Pero no, era yo. Ese detalle había desaparecido, y no me molestaba en lo mas mínimo.

Pasé varios meses internado, tal vez años. Ya era prácticamente imposible encontrar un entendimiento para mi mal, y se hablaba de una reintegración en la sociedad entre algunos médicos que nunca encontraban anomalías en mis actitudes, aun pese a lo que había sucedido; pero el que tenia de cabecera insistía en que seguía igual que cuando me internaron.

Como no había vuelto a agredir a nadie, y mi actitud era prácticamente la misma que había tenido antes de lo que pasó con mi mujer, resultaba curioso el tema de los sentimientos. Era como si hubieran desaparecido en su forma real, o algo similar; porque aunque los expresaba, no parecía importarme.

Y un día de esos, volvieron a ser como eran antes, sin ninguna razón, de la misma forma que habían cambiado; y lloré, grité, e incluso quise matarme.

Pasaron varios años desde eso hasta que los doctores notaron que ya no quedaba rastro de aquel que había ingresado. Solo era un pobre diablo que se sentía en el lugar incorrecto. Mi actitud era la misma que la de cualquier otro que siente un arrepentimiento por algo horrible.

Mi cordura fue aprobada eventualmente sin problemas, lo que me permitió salir tras haber pasado unos diez años en total encerrado. A mi entender se debió más al deseo de los médicos de deshacerse de mí luego del fallecimiento de mi antiguo psiquiatra, que porque realmente mi mente se hubiera estructurado según los parámetros correctos.

Aunque mis pensamientos eran como antes, ya no disfrutaba de la misma forma. Mis instintos violentos habían desaparecido, aunque casi ni se habían manifestado; y había culpa, demasiada.

Pasó el tiempo, y me di cuenta que mi vida podía volver a ser escrita. No intente volver a relacionarme con mi familia por mi cuenta, no quería que sufrieran.

Mis ex jefes del buffet no sabían tanto del tema en sí; y como extrañaban mis grandes capacidades, volví al trabajo gracias a sus recomendaciones, por lo que pude permitirme una casa buena.

Conocí a una mujer de unos treinta años durante una reunión de trabajo, y empecé una relación con ella; pese a que me traía algunos recuerdos no muy buenos de mi antigua pareja, me permitió disfrutar nuevamente de la vida.

Y en la última semana, mis padres habían vuelto a hablarme, las cosas estaban mejorando.
La felicidad inundó mi corazón nuevamente, no podía expresarlo con palabras. Había perdido mucho, pero lograba seguir adelante.

Hoy me desperté con ganas de matar a alguien.

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